…. o también Busca y encontrarás.

Cuando terminé la carrera no tenía ni puñetera idea de lo que iba a hacer con mi vida. Te podría contar una parrafada sobre ese tema y de lo importante que es tener una idea clara de lo que quieres estudiar cuando estás en el instituto y no dejarlo todo para el último momento, peeeero te voy a dar la versión corta. La versión corta es la siguiente: terminé la carrera, hice un curso de animación turística que duró alrededor de 8 a 9 meses, me salió trabajo y me fui de mi pueblo. ¡Hasta luegorrrr!

Ese verano me fui a Mallorca a trabajar en un hotel durante la temporada de verano, más concretamente a Playa de Muro y, como todo, con sus buenas y malas experiencias. No te exagero si te digo que ese verano no me aventuré a salir sola de la inmensa avenida en línea recta que conforma Playa de Muro. (En contadas ocassiones fui a Alcudia y Can Picafort con una amiga que tenía coche y libraba el mismo día que yo). ¡Por no ir, no fui ni a la playa! (Es que a mi amiga no le gustaba la playa y yo pasaba de hacer cosas sola). Pero bueno,  dentro de lo que cabe tuve una vida nocturno-social bastante divertida y entretenida)

Cuando se acabó la temporada me fui a Alemania a aprender alemán. Decidí que no volvería a Mallorca pero tenía la esperanza de encontrar un trabajo más agradable en un lugar más emocionante la próxima temporada. Pasado el invierno, el destino me llevó a un hotel de Playa Blanca en Lanzarote. Allí estuve un añito, de nuevo con experiencias buenas y no tan buenas (se quedaron con mi finiquito, ¡malvados!), y otra vez decidí irme con la misma cantinela de que menuda mierda era vivir en un pueblo ‘to chico’ y qué si no se qué y no sé cuanto. ¿Sabes a dónde me fui? ¡A PLAYA DE MURO!


Esta de aquí arriba al lado del camello soy yo, junto con algunos compañeros de trabajo en el hotel de Lanzarote donde hice animación durante una añito entero. 

¿Qué tienen en común estos dos lugares en mi historia? En ambos lugares me sentía rodeada de monotonía paisajística. Obviamente, mi culpa, claro está. La verdad es que no supe aprovechar el poco tiempo libre que tenía para hacer algo diferente a lo de siempre; para salir a descubrir qué más tenían esas islas, a parte de la playa y la buena temperatura, para atraer a turistas en masa. Si tu tampoco sabes qué tienen estas islas, te aconsejo que busques fotos en internet y luego hablamos. 🙂

Los animadores de hotel tienen horario partido o tripartido, así que esencialmente el único tiempo libre que se puede aprovechar es el día que no trabajan. Y el día que no se trabaja siempre hay alguna tareilla que hacer. En fin, esto es una excusa muy pobre, lo sé, y podría poner más, como que no tenía coche (coge el autobús), no había tanta información en internet (trabajas en un hotel, ¿se te ha ocurrido preguntar en recepción?), estaba sola (no siempre)… 

Finalmente me di cuenta de lo increíblemente encantadoras que son ambas islas, aunque en uno de los casos me di cuenta un poco tarde. Mis epifanías aquí resumidas:

Epifanía lanzaroteña: Durante la última semana de mi estancia en Lanzarote me decidí a hacer una excursión en autobús por la isla. A cada parada que hacíamos más sorprendida me quedaba. Los viñedos de La Geria, la laguna verde, paseito en dromedario, un restaurante que hace barbacoas con calor geotérmico, cangrejos albinos… ‘¿Qué leches he estado haciendo todo un año aquí?’. Y en ese momento deseé quedarme más tiempo y descubrir qué otros tesoros escondía la isla. Pero ya era demasiado tarde. 

Mi epifanía mallorquina es menos triste, ya que volví a Mallorca tras haber dicho ‘NORRRRRRRRRRR’, y acabé haciendo varias temporadas antes de cansarme de nuevo.(Esta vez por motivos diferentes de los de mi primera experiencia). Poco a poco fui descubriendo los rincones más lovely de Mallorca, y me enamoré de la isla que me vio nacer. Pequeña aclaración: pues sí, resulta que soy mallorquina de nacimiento, para sorpresa de algunos y objeto de mofa de otros*.

*(Esos otros va referido a mallorquines que les precía gracioso que hubiera nacido en Mallorca pero no fuera mallorquina.)

Después de contar esta historia y también pensando en otras experiencias que he tenido más adelante,  hago un poco de autorreflexión y estas son mis conclusiones:

  • A veces, las experiencias más placenteras vienen cuando sales fuera de tu zona de confort.
  • Si te mudas a un lugar nuevo, explora tu nueva ciudad y sus alrededores. No vuelvas a casa siempre por vacaciones y elige otras opciones. 
  • Todos los lugares del mundo tienen su encanto, sólo hay que saber encontrarlo.
  • La belleza es cosa de perspectiva, si no la encuentras, cambia de posición.
  • No esperes a que alguien quiera ir contigo, atrévete a salir sol@ y disfruta los momentos en solitario.  
  • Dicho esto, haz amigos que quieran explorar como tú y si no tienes, búscalos en internet, que ahora se puede. (¿Conoces meetup o couchsurfing?)
  • Di a tus amig@s y familiares que vengan a verte y así estarás obligad@ a enseñarles donde vives más allá del restaurante de la esquina.

No sé si queda bien explicado el por qué pienso que es importante explorar el lugar donde vives o donde te has mudado, así que por si acaso, te lo dejo un poco más claro:

  1. BUENOS RECUERDOS: cuando te vayas de ese lugar vas a recordar lo que hiciste, viste y experimentaste, no lo que no hiciste (como por ejemplo, los días que te quedaste en casa viendo la tele o leyendo). 
  2. LA ESPINA CLAVADA: si descubres algo demasiado tarde, puede que se te quede la espinita clavada como me pasó a mí con Lanzarote.
  3. SENSACIÓN DE PERTENENCIA: a lo largo de un periodo de tiempo quieres formar parte de la comunidad, pero eso es imposible si no conoces donde vives, visitas diferentes lugares de la zona y te mezclas con la gente de allí.
  4. CAPACIDAD DE ASOMBRO: sobrecogerte por la belleza que te rodea es maravilloso y te lleva al punto 1 y 2.

¿Por qué piensas tú que es importante explorar el lugar donde vives? Cuéntame tu experiencia 🙂

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